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No Somos Ovejas ¿Vale?

PEPITO GRILLO

PEPITO GRILLO Créame si le digo, Sr. Pepe Blanco, que no he sido yo quien le ha puesto a usted ese apodo tan unido en la memoria al personajillo del cuento infantil. El mote parece haber sido idea de algunos televidentes a quienes todavía no he tenido ocasión de conocer.

No veo la relación que pueda existir entre el aspecto de usted y el del referido ortóptero charlatán, pero por si acaso, bueno sería que su señoría solicitase la ayuda de sus astutos asesores de imagen individual.

Además de saber sacar dinero hasta de debajo de las piedras, los dichos asesores pícaros son capaces de obrar verdaderos milagros al cambiar la faz y los ademanes de los políticos menos engatusadores. Recuerde usted el prodigio obrado en la persona de su correligionario y actualmente ministro Caldera: tenía cierto aspecto de hombre brusco y prepotente, talante aquel que ahuyentara a los votantes indecisos y que al parecer residía en el encrespado cabello de su poblada testera.

Los asesores entraron en acción y todo fue de mil maravillas. Le cortaron el restante y corto césped cefálico, con lo cual la frente de caldera pasó a recordar la testuz de los carneros muchos que son la viva imagen de la mansedumbre. Luego imprimieron en su rostro una sonrisa puntualmente beatífica. Y a partir de entonces Caldera empezó a ganarse las simpatías y votos de muchos.

¿Lo ve, Sr. Pepe Blanco?... Vaya cuanto antes a sus asesores de imagen. Cuando le hayan cambiado también a usted, nos parecerá menos arisco y sus mensajes o palabras tendrán marchamo de mayor veracidad. Entonces (esté seguro de ello) los televidentes le querremos a usted un poco más. Y en tiempos venideros contará con muchos votos si se presenta como candidato.

Observador
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